SANCOR PIDIÓ SU PROPIA QUIEBRA

SANCOR PIDIÓ SU PROPIA QUIEBRA

No puede cumplir con el pago a más de 1.500 acreedores. Las inversiones no llegaron. Debe 8 meses de salarios a los trabajadores.

Tras más de un año en concurso preventivo y con una deuda que escala a los 120 millones de dólares, SanCor Cooperativas Unidas Limitada (CUL) solicitó formalmente su quiebra ante la Justicia de Rafaela. La decisión se precipitó ante la imposibilidad de cumplir con el plan de pagos a más de 1.500 acreedores y la ausencia de inversores interesados en un salvataje. Desde la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra) señalaron que la empresa se sostenía “con el patrimonio de los trabajadores”, a quienes se les adeudan meses de sueldo.

La industria láctea vive un escenario dramático. En el caso de SanCor pasó de procesar 4 millones de litros diarios a menos de 500.000, reduciendo su plantilla de 4.000 a menos de 1.000 empleados. El gremio denunció que entre las deudas se encuentran ocho meses de salarios y aguinaldos, además de la interrupción de los aportes a la seguridad social.

El cierre es el síntoma terminal de una crisis estructural para el sistema productivo nacional que combina presión impositiva, costos logísticos-porque se miden en dólares- y una caída estrepitosa del consumo interno.

Para SanCor, el reloj se detuvo cuando quedó claro que el plan de pagos propuesto a sus acreedores era, en la práctica, imposible de ejecutar sin el desembarco de nuevos socios estratégicos que nunca llegaron.

La decisión que materializa la cooperativa había sido pedida por Atilra en septiembre del año pasado, cuando los afiliados votaron elevar dicho reclamo a la Justicia, en el marco de una Asamblea Extraordinaria.

Con la quiebra solicitada, el gremio aseguró que “en términos de los hechos probados en la causa, el pedido no agrega ni quita nada, resultando a esta altura un gesto irrelevante que pone fin a una tozuda postura que negaba la realidad”.

En ese sentido, definieron la situación como de “nueva etapa” y aseguraron que “la marca Sancor, despojada de las estructuras que la llevaron al borde de su extinción, debe volver a florecer con el impulso de la nobleza y calidad de los productos que las y los trabajadores afiliados a Atilra elaboran”.

Auge y quiebre: la historia del emblema lácteo argentino

Fundada en 1938, SanCor nació como la unión de cooperativas de Santa Fe y Córdoba, convirtiéndose en el corazón del desarrollo regional. No solo producía lácteos, impulsó la electrificación rural, creó SanCor Seguros, el Banco Rural y formó a los técnicos más destacados del país. Fue, durante décadas, el modelo de éxito del cooperativismo nacional.

Motor de infraestructura, donde llegaba la cooperativa, llegaba la luz, los caminos transitables y la tecnificación. Su poderío era tal que dio origen a empresas satélites líderes en otros rubros.

Hace dos décadas, la situación de SanCor ya era desesperante. En aquel momento, la empresa se encontraba al borde del cese de actividades. Mientras el mercado sugería una salida privada a través de grupos internacionales, el entonces presidente Néstor Kirchner optó por una solución de tinte geopolítico. La llegada de Hugo Chávez al país selló un acuerdo que hoy se lee como un hito de la época: un crédito de 135 millones de dólares proveniente del Banco Nacional de Desarrollo de Venezuela (BNDES).

Este flujo de divisas no fue un subsidio a fondo perdido, sino un intercambio comercial de escala. El compromiso obligaba a SanCor a proveer 15 millones de toneladas de leche en polvo durante un plazo de 12 años, además de transferir tecnología mediante el desarrollo de plantas lácteas en territorio venezolano.

Durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner (2003-2015), la producción de leche en el país alcanzó el récord de récord de 11.600 a 11.800 millones de litros anuales. En 2003, la era de unos 7.951 millones de litros.

Diez años después de aquel salvataje, la historia se repitió con un guion diferente. La agonía comenzó en 2017 con una reestructuración profunda. Se estimaba que la cooperativa necesitaba entre 400 y 450 millones de dólares para mantenerse a flote. A diferencia de la intervención de 2006, la administración de Mauricio Macri -al igual que la actual de Milei- mantuvo una postura de distancia, negándose a gestionar o avalar créditos.

El colapso incluyó el cierre de plantas y la venta de marcas icónicas (como la línea de yogures y postres a ARSA, que luego también presentó quiebra). Durante el gobierno de Alberto Fernández, los intentos de crear un fideicomiso de rescate fracasaron. Las empresa quedó en una inercia de deudas y pérdida de mercado que culmina en su desaparición formal.

Durante estos años, de las 12 plantas originales, solo 6 permanecieron bajo su órbita tras la venta de activos clave a competidores.

La firma se encuentra en concurso preventivo desde febrero de 2025. En aquel momento, al realizar la solicitud judicial, se planteaba como una salida a la crisis, asegurando que “esto permitirá concretar, con el apoyo de herramientas técnicas y financieras adecuadas, una solución definitiva que garantice la consolidación de SanCor”.